Rousseau proviene tiene una historia, al parecer, muy desafortunada su madre muere al poco tiempo de darlo a luz, su padre es quien se hace responsable de su educación y estimula la lectura, al poro tiempo viaja a Turin y luego a Saboya donde permaneció once años viviendo a expensas de Madame Warens; luego tiene una relación con una joven costurera con la que tienen cinco hijos, todos los cuales abandona. Vuelve a Francia donde se experimenta una huraña soledad que favorece para la creación de sus obras maestras: La nueva Eloísa, El contrato social, Emilio. Muere el 2 de julio de 1778.
Rousseau es el hombre de las paradojas: para él ya no es la razón el criterio supremo, sino el sentimiento. El condena también el intelectualismo residual del pensamiento ilustrado, por el que “los filósofos no admiten como verdadero sino lo que pueden explicar y hacen de su inteligencia la medida de lo posible”. Siguiendo la regla del sentimiento puede llegar muy más allá de los “filósofos”. La clave del pensamiento de Rousseau es, pues, como decíamos, la coincidencia entre felicidad individual y felicidad general. Sin embargo, esta coincidencia no es algo dado, sino más bien algo que debe conquistarse.
Con respecto a al contrato social trata de encontrar una forma que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado y por medio de la cual cada uno, al unirse a los demás, no obedezca más que a sí mismo y quede tan libre como antes. “cada uno, al darse a todos, no se da a ninguna persona en particular”
Constantemente se hace cuestionamientos que lo hacen cada vez mas reflexivo y critico tratando de dar respuestas cada vez mas interesantes, como en la siguiente pregunta: ¿cómo es posible educar al individuo para que piense en términos democráticos, es decir, en términos de voluntad general, en una sociedad que no está fundada sobre la voluntad general, no democrática? La respuesta la ofrece en su obra del Emilio cuando dice: Entre la educación del hombre y la del ciudadano existe un contraste grave, y mas adelante en su segundo libro de Emilio dice es absurdo querer educar fuera de la sociedad para la sociedad.
En Emilio nos ofrece su versión del desarrollo del alumno, desde el nacimiento hasta el matrimonio y la paternidad.
En los dos primeros predomina el sentido (esto es, hasta los 12 años)
El tercero se refiere a las consideraciones de utilidad (13-15 años)
El cuarto se abre al alcanzarse la edad de la razón (15 años)
El quinto libro está dedicado a la educación de la mujer.
Al principio del Emilio Rousseau distingue tres especies de educación: la educación de la naturaleza, la educación de las cosas y la educación de los hombres. Para Rousseau, todos los deseos del niño son legítimos, menos el de hacerse obedecer, que es justamente el capricho.
El eudemonismo (justificación de todo aquello que sirve para alcanzar la felicidad) de Rousseau es quizás el más importante y constante de sus criterios educativos. Incluso cuando, quizá insatisfecho de algunas de sus aplicaciones particulares, busca otros fundamentos para la moral en la fe religiosa, la justificación de esta última (contenida en la “Profesión de fe del Vicario saboyano”) sigue siendo, en el fondo, netamente eudemonista.
También menciona que es necesario conocer el “genio particular del niño”, cultivar el “arte de observar a los niños”, en una palabra, se necesita, como decimos hoy día, una psicología de la edad evolutiva. Actualmente los docentes poco saben o poco aplican la psicología en su desempeño profesional. Rousseau arremete impetuoso contra la “bárbara educación” que pretende sacrificar el presente al porvenir y sólo consigue que los niños puedan “morir sin añorar la vida de la que no han conocido sino los tormentos”. Sólo es provechosa y digna del nombre la educación que en vez de imponer y atormentar, libera, desarrolla y da la felicidad. Éste es el problema que Rousseau nos dejó en herencia como fruto de la experiencia acumulada en su errabunda, contradictoria e infeliz existencia.
PESTALOZZI
(1746-1827) El padre, apreciado cirujano, murió cuando el pequeño Enrique tenía seis años; la madre proveyó a educar a los tres huérfanos con ayuda de la sirvienta por la cual Pestalozzi sentirá una tierna y profunda gratitud. En su primera educación influyó también el abuelo materno, pastor protestante de aldea. En aquella atmósfera protectora, llena de calor y afecto y penetrada de intensa religiosidad, Pestalozzi creció tímido, delicado e hipersensible.
A manera de experimento, en 1775 abrió un instituto para niños pobres que quisieran prepararse para la vida productiva (especialmente hilandería y tejeduría). Los educandos eran niños tarados o vagabundos acostumbrados a todos los vicios, esto el dio a entender que había cometido un grave error al haber intentado introducir prematuramente a los niños al trabajo productivo, con un aprendizaje demasiado prematuro.
En una de sus novelas atribuyó un papel central a un personaje que encarna la función de las escuelas: (“Son las acciones las que instruyen al hombre; las acciones las que le dan consuelo, ¡basta de palabras!”). Escribió el Canto del cisne, obra en parte autobiográfica y en parte de meditación teórica. Falleció en 1827. Respecto a los deberes sociales decía:
“No hay aprendizaje que valga nada si desanima o roba la alegría. Mientras el contento le encienda las mejillas, mientras el niño anime su actividad entera de júbilo, de valor y de fervor vital, nada hay qué temer. Breves momentos de esfuerzo aderezados de alegría y vivacidad no deprimen el ánimo... Hacer surgir la calma y la felicidad de la obediencia y del orden, he ahí la verdadera educación a la vida social.”
Y agregaba “ni aun en las circunstancias más favorables es lícito abandonar al niño a merced de su capricho” frase que si se aplicara actualmente seria de gran utilidad para favorecer el pensamiento critico de los alumnos y no crear solo seres humanos obedientes y resentidos con las autoridades.
Creía que para que la convivencia humana no fuera obligatoria, debería basarse en la libre aceptación de las relaciones sociales no sobre la base autoritaria del deber, si no de la autonomía de la vida moral. La educación es precisamente la orientación hacia esa autonomía. Para entenderlo mejor enunciare la siguiente cita de Pestalozzy: “El niño, como el hombre, quiere el bien, mas no para ti, educador, sino para él mismo. El bien a donde debes conducirlo no debe ser tu capricho, una sugerencia de tu pasión, sino que debe ser un bien por sí mismo y aparecer como tal bien al niño. .. Todo aquello que despierta en él fuerzas, que le hace decir: yo puedo, él lo quiere. Pero este querer no se suscita con palabras, sino con los cuidados que se le prodigan y con las fuerzas que esos cuidados despiertan y estimulan en él.” Se entiende que el autor pretendía que los maestros se dieran cuenta de su egoísmo al impartir la educación que pocos se basaban en las características y necesidades de sus alumnos, que solo esperaban obediencia y cumplimiento de las indicaciones impuestas por ellos.
FRÖBEL
La pedagogía del juego tuvo en Friedrich Fröbel su máximo teórico y su más ilustre realizador práctico.
Nació en 1782. Poco menos de un año después perdió a su madre. El padre no podía ocuparse mucho de él. Su infancia de éste fue melancólica, se transfirió a la casa de un tío donde asistió a la escuela municipal, y después, en calidad de aprendiz forestal (pues no prometía mucho como estudiante. En sus tres años de aprendizaje lo único que aprendió fue a amar la naturaleza, a reconocer en las creaturas una expresión de la universal armonía de lo creado. Posteriormente, habiendo llegado casi por casualidad a la Universidad de Jena consiguió que le dejaran asistir a los cursos de ciencias, filosofía, arquitectura y, sobre todo, mineralogía. Encontró empleo como maestro en una escuela donde se le reveló de pronto su verdadera vocación: sería educador. Trato de comprobar que los métodos de Pestalozzi eran impropios para la primera infancia.
1848 fue el año triunfal para Fröbel; las asociaciones liberales de maestros adoptaron la idea de la educación preescolar. Entre los muchos escritos de Fröbel, en su mayoría de ocasión, son de recordar los siguientes:
Principios de educación del hombre (1833)
Cantos maternales y caricias (1844),
Colección de poesías educativas ilustrada y
Complementada con instrucciones pedagógicas.
Expresaba que “en Dios está el fundamento único de todas las cosas” y creyó firmemente que no hay desarrollo psíquico posible si no es sobre la base de operaciones concretas. “El hombre —dice— sólo puede conocer plenamente lo que le es posible representar exteriormente, lo que puede reproducir. Para adquirir conocimiento el alumno debe vivir, y pensando, hacer, y haciendo, pensar.”
Para él, atravez del juego, el niño entra en relación concreta con el mundo, realiza plenamente algunos de esos enlaces con la naturaleza que expresan la divina unidad de lo real. La máxima ambición de Fröbel fue poder educar no tanto a los niños directamente, cuanto a las madres y a las jovencitas. Tuvo en cuenta la necesidad de estimular eficazmente la “tendencia a la actividad” del niño.
El desemboque natural del juego es el trabajo. El niño pequeño querría ayudar en mil modos en las actividades de los adultos y es un error desalentarlo. Se debe encaminar al niño al trabajo en formas sencillas y naturales. “Es ciertamente una profunda verdad la de que en general es el hombre, el otro hombre, a menudo el mismo hombre que educa, quien vuelve malo por vez primera al niño.” Acusa sobre todo a los educadores, quienes “ven en los niños y en los púberes nada más que diablillos al acecho, pérfidos, malignos. Ofrece un lugar privilegiado al niño cuando menciona: “Cada hombre desde niño, debe ser conocido, reconocido y tratado como miembro necesario y esencial de la humanidad; por ello, los progenitores, en cuanto que los tienen bajo su cuidado, deben sentirse y reconocerse responsables ante Dios, ante el niño y ante la humanidad.” El niño “desde que aparece en la tierra, desde su nacimiento, debe ser comprendido de acuerdo con su naturaleza, debe ser tratado con justicia y puesto en el libre y pleno ejercicio de sus fuerzas. Por lo tanto, se debe estimular, no combatir, la búsqueda de la alegría y la satisfacción.
Me quedo cuestionando ¿que pasa con los docentes de nuestros tiempos? Se percibe indispensable, como dice muy acertadamente Frôbel, Cada individuo debe recorrer el camino de la humanidad, pues de otra manera “no entendería ni el mundo que lo ha precedido ni aquel en que vive”.
BIBLIOGRAFÍA:
Abbagnano, N. Y N. Visalborghi (2009), historia de la pedagogía México: Fondo de cultura económica. Rousseau, Pestalozzi y Fröbel